Para la columna mensual de Pijama Surf, la 4ta Entrega sobre Teorías de Conspiración.
EL SALMÓN MÍSTICO
La creación de las Teorías de Conspiración.
El filósofo A. J. Ayer se asfixió
con un trozo de salmón y los médicos lo declararon muerto por cuatro minutos.
Luego de su experiencia, escribió una anécdota con más o menos palabras: una
luz roja y brillante era responsable de gobernar el universo y dos Ministros
estaban a cargo del espacio, que parecía un rompecabezas. Sintiendo la
necesidad de restaurar el orden, por medio de la teoría de la relatividad de
Einstein, gritó a los Ministros, corrió de un lado a otro e hizo señas para
llamar la atención y comunicarles su hallazgo, hasta que despertó.
¿Si fuéramos Teóricos de
Conspiración, cuántas teorías revelaríamos con ésta experiencia? ¿Qué
explicación encontraríamos en manifestaciones de este tipo? ¿Hasta dónde los
Teóricos se atragantan con salmones místicos, y en vez de interpretarlo como
una epifanía, se explican sus propias Teorías de Conspiración (TC)?
Si yo fuera A. J. Ayer,
intentando encontrarle sentido al suceso del salmón, tendría que lidiar con
muchas cosas. Entre ellas traumas infantiles, prejuicios, complejos
disimulados, memoria, represiones, compulsiones y todas esas ondas psicológicas
que surgen (¿me formo?) a través de los años. Como sea, tendría la necesidad de
expresarlo de alguna manera y de comunicar mi experiencia.
Las dudas me acosarían, empezando
por el hecho de que morir y resucitar -en el sentido práctico de la
palabra- es algo complejo. Si intentara interpretar la epifanía, tendría que
asociarla con mis experiencias divinas, científicas o filosóficas para
esclarecer esas visiones producto de la asfixia. ¿Qué significa todo esto? ¿Por
qué yo? ¿Es dios la luz que vi? ¿Eso demuestra su existencia? ¿Dios o algo más
tienen un propósito para mí?
La necesidad de encontrar
respuestas, me haría tomar posturas específicas o hacerme caer en algo llamado
Apofenia. Una experiencia que consiste en ver patrones, conexiones de datos sin
sentido, e inclusive ambas. Así me explico un hecho a pesar de que asocio
ideas y fantasías a mi antojo. En mi explicación, puedo distorsionar la visión
o alterar su contenido. Entonces ya no preguntaría, ¿Qué significa el
rompecabezas del universo? Más bien, asumiría que la experiencia tiene un
significado relevante para mí, que soy privilegiado, y en ese sentido comunico
mi experiencia.
Al buscar respuestas en sucesos
que no entiendo, ¿por qué mis respuestas tendrían que estar equivocadas? En las
Apofenias es común distorsionar la “realidad” y explicar sucesos como
“paranormales” o “divinos”. En este punto interpretativo, no es condición de
posibilidad ser un enfermo neurológico, o tener trastornos psiquiátricos, a
pesar de que mis respuestas sean un vínculo creado entre psicosis y
creatividad…
Tal vez, podría comunicar tan
bien la visión, que gano la confianza de muchos, para que crean lo
significativo de la visión…
Seguro en este punto ya no
tendría pánico. Pero ¿qué diría un psiquiatra, al que no logró convencer de que
mi visión es importante? Seguro me diagnosticaría algo muy específico que
desconozco… ¡No mames! Ya ensimismado, y en la casa de la risa, podría
aumentarle alucinaciones a mi experiencia inicial (la experiencia de J. Ayer).
Decir que los ministros me hablaron, que olían a caquita y que deseaban que yo
fundara la Iglesia de los Ministros del Tiempo y el Espacio. Quién dice que no
es una de esas cosas Jungnianas, donde estados psíquicos se sincronizan para
explicarse eventos externos. Es decir que una apofenia se mezcle con ;mi
paranoia, con tal de darle respuestas concisas a mi cabeza. Pues en general,
¿cómo lidiamos con la mente, luego de tener experiencias impactantes, para
otorgarle un sentido trascendente?
Así como yo interpreté la visión
de J. Ayer, los teóricos pueden gastárselas, interpretando visiones e inclusive
experimentando con substancias para tener visiones. El asunto es que no
sabemos, si son los monstruos de su cabeza, o un enlace de ideas disparatadas.
No obstante, si las visiones
surgen a partir de redes complejas dentro de la psique, hurgando un poco en las
vidas de los teóricos, la TC per se y
contra quién se exprese ésta, podemos proyectar la finalidad del Teórico.
Entonces, si un teórico de conspiración está resentido con la sociedad, buscará
culpables contra los Iluminati, por ejemplo. Un ultra
conservador, culpará a
los gays y grupos pro-aborto, exponiéndolos como “errores de la naturaleza” Un
dictador coreano, podrá decir que las luces de J. Ayer representan a los EU y
su deseo expansivo por gobernar el universo.
En fin, sin duda todos lidiamos
con nuestro conocimiento y la justificación de nuestros prejuicios. Cada quién
encuentra métodos para asumir o no, lo complicado de la mente. Sin embargo uno
no anda propagando, creando y descubriendo TC para sustentar ideologías, que
dan consuelo a nuestras experiencias. Si el esfuerzo de las TC y sus teóricos,
está en emancipar a la humanidad, eliminar la decadencia humana y la enajenación,
¿no sería sano indagar al respecto de sus vidas, conocer sus profesiones y
preguntarnos de dónde surgen esos fantasmas que proyectan en sus TC?
El filósofo A. J. Ayer, hizo una
declaración de su experiencia, de su mente. Con más o menos palabras,
argumentó: que no había estado en “otro mundo”, ni resucitado, y que no se
trataba de una experiencia religiosa; sino que su memoria y pensamientos
continuaron funcionando a pesar de que su corazón se había detenido. Dijo que
no había razón para creer, que la herramienta para corregir el rompecabezas del
universo, estuviera en su poder, puesto que es imposible contener al universo
en su diminuto cerebro. No obstante, se intrigó por la relación entre la mente,
el cuerpo, las experiencias pasadas y los deseos presentes.
Aunque no nos convenza la
explicación de J. Ayer, o mejor dicho, a pesar de que Ayer, no tenga una manera
de respondernos el por qué de su experiencia, confiaba en que el camino para
entender sucesos extraños estaba en la lógica, la matemática y la deducción.
![]() |
Filósofo A. J. Ayer. |
Es posible que nada de lo
anterior tenga sentido. Tal vez no hay respuesta a la experiencia provocada por
la asfixia del salmón. Quizá no tengamos que encontrarla, y declarar que la
mente no tiene respuesta. Sin embargo, la profunda necesidad de significar como
relevante todo suceso, tendrá que hacerse entender a partir de su amplia o
reducida visión del mundo, y de sus interpretaciones verosímiles o no. Tal y
como lo hacen las TC.
Lo bondadoso, es que las
interpretaciones se prestan a reinterpretaciones ¿cómo saber qué interpretación
es la mejor; sino es por medio de encontrarle efectividad a una para darnos
certeza?
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